jueves, 17 de mayo de 2012

Una final mojada.

Un día normal de fin de semana en Medellín para Clara. Su padre salió a trabajar temprano, su madre en la casa estaba organizando el desorden de la semana y su hermano practicando beisbol.
En la tarde tenían planeado encontrarse en el estadio, pues el hermano de Clara tenía la final de los juegos nacionales y como ha sido tradición su familia siempre se apoya en estas situaciones.
Eran las 2 pm y lo que hasta el momento había sido un día perfecto para el juego ya no estaba en las mismas condiciones, el sol que brilló toda la mañana se veía opacado por nubes, que tal vez eran el anuncio de la lluvia.
En la casa de Clara se sentían los nervios de un partido importante no solo para el hermano, quien era el que jugaría, sino también para ella y sus padres, sumándole la incertidumbre que causa el clima, pues se sentían truenos y caían las primeras gotas de lo que podía ser un fuerte aguacero. Aun así  tomaron la decisión de salir, con sombrillas y sacos, no sabían a qué se enfrentarían.
Cuando llegaron al diamante de beisbol parecía que el día se componía, empezó el juego pero a la cuarta entrada fue suspendido por lo que todos pensaron, la lluvia. Pasaron 20 minutos y el sábado que había empezado en verano, parecía cada vez más un invierno interminable.
Las gotas eran del tamaño de un confite, cada vez con más fuerza, no cesaban y estaban produciendo un daño inigualable en el escenario deportivo, la preocupación en los jugadores aumentaba, pues era un juego realmente importante ya que era la final de un campeonato y los compañeros del equipo contrario al del hermano de clara tenían que viajar al día siguiente temprano.
Pasaron 40 minutos y ya no era una simple lluvia, era una tormenta, no quedaba rastro alguno del sol, por el contrario las gotas con su fuerza sobrenatural causaban más daños, ya no solo era el campo de juego sino también los camerinos y tribunas.
A pesar del techo, para  la lluvia no fue impedimento arrastrar con todo lo que se encontraba a su paso, era necesario que Clara y las otras personas que estaban allí le dieran uso a sus sombrillas y abrigos.
La lluvia parecía que nunca iba a terminar, no cesaba pero tampoco aumentaba, el desespero de los jugadores como para los espectadores aumentaba, no había forma de moverse de la tribuna, y bajar a la tienda menos se podía, los desagües estaban inundados y el agua estaba produciendo un rio en las calles, el trafico se paralizó y la ciudad se transformo.
Llegó la noche y la lluvia cesó, pero aun quedaba mucho por hacer, arreglar el campo, sacar el agua del estadio, buscar las bolas perdidas, buscar los árbitros, quienes ya se habían ido. Este fue trabajo para todos, a los 10 minutos se reinicio el partido, comenzando así la emoción para Clara y su familia.
A la séptima entrada Potros, el equipo de Sebastián, el hermano de Clara, llevaba una ventaja de 4 carreras sobre el otro equipo, por mas intentos que se hicieron la lluvia no permitió que el partido terminara, por este motivo los árbitros decidieron dar por terminado el partido, y es así como Potros fueron los campeones de los juegos nacionales.
El domingo inicio, la lluvia cesó y los Potros celebraron su victoria junto a sus familias, haciendo una fiesta en las calles del barrio Santa Lucia, disfrutando del día soleado y rogando para que las gotas no aparecieran nuevamente.

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