Darnos
la libertad de soñar, no es malo, pero que tan alto podemos volar cuando aún
tenemos una realidad que día a día viaja encima de nosotros, o con nosotros.Recordándonos
el mundo donde nos tocó o donde elegimos vivir, no por decisión propia, sino
por aceptar una infinidad de lujos que harían nuestra lucha permanente más
sencilla.
Un
mundo donde no habrá pobrezas, no hay
ladrones, donde la perfección es una cotidianidad, donde la lucha constante
para ser mejor que los otros se volvió un reto, sin importar que pueda pasar.
Permitirnos
soñar por un momento que no hay niños pobres, que no hay hambre, que no hay
injusticias, que todos vivimos en igualdad de condiciones, ¿pero qué tan cierto
es esto? Si solo basta con abrir los
ojos y descubrir que solo hemos estado soñando y de una forma u otra ya es muy
tarde para volver a empezar.
El
consumo se apodero de nosotros sin darnos cuenta y ahora nos está midiendo, “los
economistas no llamaran nivel de vida al nivel de consumo, ni llamaran calidad
de vida a la cantidad de cosas”, como dice el escritor Eduardo Galeano, llegar
al punto donde es más importante lo que tenemos que lo que somos.
“Vivir
por vivir no más, como canta el pájaro sin saber que canta, como juega el niño
sin saber que juega”[i],
dejamos pasar las simplezas del mundo por sumergirnos en un estado donde la
sencillez no puede hacer parte de
nuestros días.
“Ellos
se perdieron de tanto buscar” nosotros nos hemos perdido por estar buscando más
de lo que tenemos, por tener ambiciones surreales, por pensar que con solo
nacer nos merecemos lo que aún no se ha creado, y no es que querer sea malo, es
que cada cosa tiene su lugar, y los pies deben estar en la tierra.
Que
difícil se me hace pensar, cuando nadie más que yo he vivido en un mundo donde
los sueños vienen creados por un estereotipo que la televisión me ha impuesto,
un mundo donde el consumo, el dinero, los bienes materiales y todo lo demás son
lo importante.
¿Dónde
quedó la naturaleza para las nuevas generaciones? Los valores como el respeto
al lugar del cual venimos ya no son reales, pues necesitamos espacio para
nuestras grandes construcciones y las innovaciones.
Porque
aunque hagamos miles de reflexiones acerca del cambio que deberíamos intentar
tener, no queremos dejar atrás el trabajo, la televisión, la comida, el
consumo, porque decidimos recibir y no dar, porque preferimos pedir que
brindar.
O
como lo expresa el autor con su título es solo una utopía, un pensamiento
positivo, y para mí una mirada al pasado, porque momentos como ese ya no regresaran,
es tal vez un poco tarde, y aun que mi
corazón entre en discusión en que será lo mejor, es más fácil resignarme y
vivir como lo he hecho y como la sociedad consumista me lo pide que haga.
Dejaré atrás las ilusiones y volveré a la
realidad, que bueno es soñar sin temor a despertar, pero como eso no pasará
mejor me decido a comprar, la felicidad, la libertad y la justicia.
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