El sábado
25 de noviembre de 1967 en Chiquinquirá todo iba normal. Jesús Moreno el
sepulturero se arreglaba para empezar su labor, mientras que en la panadería Nutibara
terminaban el turno nocturno, en la casa de Luis Tirso un ajetreo porque se realizaría
la sesión de clausura de la Normal, tanto del colegio de señoritas como el de
varones.
En Chiquinquirá
la gente comienza a realizar su rutina mucho más temprano que en otros lugares del
país, ese día 25 de noviembre de 1967, no llovía a pesar de estar en invierno,
los estudiantes se dirigían al teatro Furatena, donde seria la clausura.
Jesús
Moreno pensó que sería un día normal, hasta que en medio de la calle se
desplomó uno de los escolares. Desde ese instante el lugar donde funcionaba el hospital
comenzó a recibir personas con intoxicación, poco después de las ocho de la
mañana corría el rumor que el agua estaba envenenada.
Mientras
que se encargaban de decir que no tomaran agua, la panadería Nutibara vendía pan fresco. En el hospital la gente estaba
de dos y tres personas en la misma cama y nadie sabía lo que estaba ocurriendo.
Luego se dio la voz de alarma: el pan estaba envenenado.
José
Antonio Vargas, había viajado en cuanto se enteró que había una intoxicación
colectiva, en esa época tenía un consultorio al lado de un almacén donde vendían
frascos de folidol, un veneno utilizado por los agricultores. Por eso cuando recogió
en la mano un poco de la harina y la olió, supo que estaba contaminada.
Cerca
al hospital había una almacén llamado Mi Granja donde vendían folidol y ese día
hubo un inconveniente con el despacho de las cajas, pues una de ellas fue
colocada boca abajo y uno de los frascos estaba roto, el contenido se rego y
contamino los costales de harina que iban abajo.
A las
diez de la mañana ya no había donde recibir a los enfermos, y ya se habían contado
varios muertos, y mientras pasaba el tiempo, más muertos se encontraban.
Las familias
nunca se recuperaron de este golpe y a los años se marcharon de Chiquinquirá y
se radicaron en Bogotá. En el pueblo solo quedan algunas personas. Para Jesús
Moreno, el sepulturero, ese día ya no era como los demás y tampoco lo fue el
domingo siguiente, pues ya no bastaba con solo con él para operar el
cementerio. Ese sábado y domingo se abrieron más tumbas de las que tocaba, aun
así conmovido por la tragedia no pidió ni aceptó propinas.
Cinco años
después de la tragedia, las cosas en Chiquinquirá han cambiado, ya no hay panadería,
el almacén Mi Granja se trasladó a dos cuadras del lugar donde estaba
inicialmente, el lugar donde seria la clausura es un jardín.
Transportes
Mentoca desapareció, y el chofer del camión que llevaba harina y folidol también.
El médico que identificó el primer contaminado está trabajando en el nuevo
hospital, los niños sufren de mareos, ruidos al momento de estudiar, algunos se
quedaron asmáticos.
En la
tragedia murieron 61 niños y cuatro adultos y 165 personas estuvieron hospitalizadas,
desde entonces se obliga a los vendedores de folidol a empacar en cajas
separadas cada frasco, también se obliga a estas personas que tengan el antídoto
contra esta sustancia aun así no la tienen.
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