viernes, 18 de mayo de 2012

El día que envenenaron a Chiquinquirá (resumen)


El sábado 25 de noviembre de 1967 en Chiquinquirá todo iba normal. Jesús Moreno el sepulturero se arreglaba para empezar su labor, mientras que en la panadería Nutibara terminaban el turno nocturno, en la casa de Luis Tirso un ajetreo porque se realizaría la sesión de clausura de la Normal, tanto del colegio de señoritas como el de varones.
En Chiquinquirá la gente comienza a realizar su rutina mucho más temprano que en otros lugares del país, ese día 25 de noviembre de 1967, no llovía a pesar de estar en invierno, los estudiantes se dirigían al teatro Furatena, donde seria la clausura.
Jesús Moreno pensó que sería un día normal, hasta que en medio de la calle se desplomó uno de los escolares. Desde ese instante el lugar donde funcionaba el hospital comenzó a recibir personas con intoxicación, poco después de las ocho de la mañana corría el rumor que el agua estaba envenenada.
Mientras que se encargaban de decir que no tomaran agua, la panadería Nutibara  vendía pan fresco. En el hospital la gente estaba de dos y tres personas en la misma cama y nadie sabía lo que estaba ocurriendo. Luego se dio la voz de alarma: el pan estaba envenenado.
José Antonio Vargas, había viajado en cuanto se enteró que había una intoxicación colectiva, en esa época tenía un consultorio al lado de un almacén donde vendían frascos de folidol, un veneno utilizado por los agricultores. Por eso cuando recogió en la mano un poco de la harina y la olió, supo que estaba contaminada.
Cerca al hospital había una almacén llamado Mi Granja donde vendían folidol y ese día hubo un inconveniente con el despacho de las cajas, pues una de ellas fue colocada boca abajo y uno de los frascos estaba roto, el contenido se rego y contamino los costales de harina que iban abajo.
A las diez de la mañana ya no había donde recibir a los enfermos, y ya se habían contado varios muertos, y mientras pasaba el tiempo, más muertos se encontraban.
Las familias nunca se recuperaron de este golpe y a los años se marcharon de Chiquinquirá y se radicaron en Bogotá. En el pueblo solo quedan algunas personas. Para Jesús Moreno, el sepulturero, ese día ya no era como los demás y tampoco lo fue el domingo siguiente, pues ya no bastaba con solo con él para operar el cementerio. Ese sábado y domingo se abrieron más tumbas de las que tocaba, aun así conmovido por la tragedia no pidió ni aceptó propinas.
Cinco años después de la tragedia, las cosas en Chiquinquirá han cambiado, ya no hay panadería, el almacén Mi Granja se trasladó a dos cuadras del lugar donde estaba inicialmente, el lugar donde seria la clausura es un jardín.
Transportes Mentoca desapareció, y el chofer del camión que llevaba harina y folidol también. El médico que identificó el primer contaminado está trabajando en el nuevo hospital, los niños sufren de mareos, ruidos al momento de estudiar, algunos se quedaron asmáticos.
En la tragedia murieron 61 niños y cuatro adultos y 165 personas estuvieron hospitalizadas, desde entonces se obliga a los vendedores de folidol a empacar en cajas separadas cada frasco, también se obliga a estas personas que tengan el antídoto contra esta sustancia aun así no la tienen. 

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